Qué son las agencias de calificación y cómo operan

Mientras muchos las ven como oráculos de Apolo, otros las consideran instrumentos estratégicos, incluso de conspiración y sabotaje. Lo cierto es que tienen la última palabra en materia económica y financiera a escala global, y pese a que han ganado descrédito luego de la crisis económica de 2007 de la cual son en parte responsables, su autoridad puede hacer caer empresas, entidades financieras y hasta gobiernos. Se trata de las agencias de calificación.

Las agencias de calificación crediticia, agencias de calificación de riesgo, o agencias de rating, son instituciones autónomas y privadas que analizan continuamente a empresas o países para ofrecer una valoración sobre sus activos o productos financieros y así evaluar la solvencia y calidad del crédito o de la emisión –sea de acciones, títulos valores, bonos o letras de tesoro-.

La valoración de las agencias pretende informar sobre el riesgo de impago en el que incurren los inversores y el coste en el que deben salir al mercado una emisión de acuerdo con el grado de solvencia de quien las emite. Ellas estudian las cuentas y balances financieros de compañías y realizan análisis econométricos basados en distintas variables, y que incluyen también comparativas entre ejercicios pasados, para hacer una previsión de cuál será el futuro de la empresa o institución. Finalmente, luego de la evaluación ponen una nota o calificación en forma de escala de letras desde la triple A –la más alta- hasta la D –la que implica más riesgo-, y en esto se basan los inversores para saber una empresa o estado es una inversión segura.

Las agencias más importantes a nivel mundial son Standard & Poor’s, Fitch Ratings, y Moody’s Investor Services, tres compañías neoyorkinas de carácter privado que gozan del 90% del mercado, y que operan a través de filiales en distintos países de la Unión Europea.

Y aunque no es una imposición o una obligación para las compañías y estados contratar a una agencia de calificación para que las evalúe, lo cierto es que grandes inversores sólo toman en cuenta las calificaciones más altas otorgadas por las agencias y consideran que si una institución no cuenta con ella no es fiable porque puede estar ocultando información.

No obstante, la crisis económica ha puesto en evidencia la inexactitud de sus veredictos, por lo cual gozan de un alto descrédito actualmente. Fueron ellas quienes hicieron imprevisible a los ojos del mundo la bancarrota de Enron y Lehman Brothers, pues días antes de sus caídas su calificación estuvo en niveles normales. Igualmente, fueron ellas en el 2008 quienes otorgaron una máxima nota a las hipotecas subprime a días previos de que estallara la burbuja, así como a países que ahora se encuentran batallando con sus crisis económicas internas, como es en el caso de la calificación Ba2 que en su momento le dio Moody’s a Portugal.

Tampoco se puede ignorar que estas tres agencias de calificación, al ser compañías privadas, responden a su vez a intereses privados por hacer parte de grandes grupos empresariales. Por ejemplo, Standard & Pour’s hace parte del grupo editorial McGraw Hill y está directamente relacionada con el importante índice bursátil S&P500 –de ahí sus iniciales-; o Fitch que hace parte del grupo francés Fimalac, del francés Marc Ladreit de la Charrière, cuyo foco además de los servicios financieros son las actividades inmobiliarias y las inversiones diversificadas; o de Moody´s que hace parte de Moody´s Corporation, grupo que adicionalmente ofrece servicios de consultoría en análisis cuantitativos y software financieros, y del que dependen importantes compañías con intereses en este sector.

No ha sido gratuito que actualmente se les acuse de calificar y manejar los precios del mercado de una forma arbitraria al responder a conflictos de intereses. Pese a esto, siguen siendo consideradas las entidades con mayor influencia económica en el mundo.