¿Cómo empezó la crisis económica?

Después de estar casi seis años con nosotros y afectando, en gran parte, a toda la población mundial, la crisis económica no entiende de personas y de preocupaciones. No entiende de sufrimientos y padecimientos. Una recesión puede ser igual de terrible y perjudicial, incluso mucho más, que un huracán o un tornado, un tsunami, un tifón o un terremoto. No entienden de dejar fuera de juego a millones de personas y ciudadanos. Nacen, por desgracia, para perjudicar a millares de individuos en todas los rincones del mundo. Aparecen en el momento más inesperado donde más daño pueden ocasionar. Avisan con pequeños síntomas donde el género humano lo puede hacer caso o no. Una recesión económica, un huracán, un tsunami o un terremoto son cosas muy distintas pero tienen un aspecto en común, ocasionar el mayor daño posible. Y, por desgracia, nadie tiene una receta mágica para detenerlo al cien por cien, pero sí existen mecanismos que pueden reducir el maltrato físico y psicológico a la persona.

Un tifón o un tornado llega a la Tierra al instante. No es un proceso lento, pero sí rápido donde se puede dar alcance a través de las herramientas meteorológicas, o bien a través de los síntomas que puede ocasionar un huracán. ¿Cuáles son? Una gran velocidad del viento, lluvias fuertes, cielos encaponados y otros diagnósticos.

La crisis económica es un proceso muy parecido al de un fenómeno natural. Primero existen unos síntomas que alertan de una situación grave que se puede dar en el futuro. Por ejemplo, caída de los valores bursátiles a niveles ínfimos. Una tasa de paro muy elevada. Una tasa de inflación mínima. Disminución del consumo y un aumento del ahorro. Y tantos otros que se puede observar al instante. Si las tormentas tropicales con huracanes y tornados son típicas en las zonas de Estados Unidos, la recesión económica y mundial que estamos viviendo hoy día también es originaria de estas tierras.

Entre 2006 y 2008 comenzaron a aparecer los primeros síntomas de una crisis voraz y feroz que destruiría todo aquello que se ponía por delante suyo y, por desgracia, sigue destruyendo y seguirá destruyendo. El primer gran síntoma de una verdadera recesión fue la caída de uno de los bancos más importantes a nivel estatal en Estados Unidos y a nivel mundial. La quiebra de Lehman Brothers. Este fue el primer y gran aviso de lo que se nos avecinaba y vaticinaban otros muchos. La ayuda del Gobierno de Estados Unidos en rescatar a compañías hipotecarias como Fannie Mae o Freddie Mac. Pero, antes de que pegase este pelotazo, los bancos norteamericanos tuvieron gran parte de culpa de la crisis que estamos viviendo hoy día.

Ellos fueron los que otorgaron créditos y préstamos a personas que sabían perfectamente que no iban a poder pagar esa cantidad de dinero. ¿El motivo? Porque daban créditos a estudiantes, porque daban créditos a trabajadores en paro, porque dan créditos a individuos que no tenían ningún tipo de remuneración económica y otros ciudadanos. Los bancos necesitaban liquidez y, al vivir en un mundo globalizado, el dinero que una persona deposita en su caja de toda la vida en un pueblo de España puede estar a los diez minutos en Estados Unidos. Pues bien, esto es lo que ocurrió, los bancos estadounidenses necesitaban liquidez al instante y, una de las maneras de conseguirlo, es a través de las ventas de productos. Los bancos europeos compraron activos tóxicos – perjudiciales- a Estados Unidos por una cantidad de dinero.

Estos activos – pisos, edificios, naves y otros muchos bienes- han ido circulando por toda Europa ocasionando la crisis que tenemos actualmente, grosso modo. Después, dependiendo de la situación interna que sufre una potencia, la crisis ha podido agudizar aún más la convivencia de un país. Por ejemplo, España. La situación era delicada pero con la aparición de la recesión ha sido un plus negativo que nadie esperaba. Alemania, por su parte, ha visto reducido sus mejorías pero, internamente, funciona mejor que España. Ya ven, los efectos de una recesión son iguales que los de una catástrofe natural. Centenares de vidas perjudicadas después de muchos años trabajando.